Las herramientas de IA pueden automatizar muchas tareas y hacerlas más eficientes, pero no pueden reemplazar completamente las actividades humanas, especialmente aquellas que requieren creatividad, emociones o interacción social profunda.
Por ejemplo, la IA puede ayudar en la escritura, el arte o la música, pero la inspiración y la expresión personal siguen siendo únicas en los humanos. En trabajos como la educación, la psicología o la medicina, la IA puede ser una herramienta de apoyo, pero la empatía y el juicio humano son irremplazables.
Dicho esto, la IA sí puede sustituir tareas repetitivas o basadas en datos, como la contabilidad, la atención al cliente automatizada o la logística. Todo depende de la actividad y del valor que aporta el factor humano.